Soberbia y humildad: ¿Podríase decir que son dos caras de la misma moneda? en algunos casos sí y en otros no. Sobre la Soberbia me ocuparé otro día. Ahora me ocuparé de la humildad.

Freud fué el primero en descubrir las dualidades polares por decirlo de alguna forma, en que se mueve la dinámica mental del ser humano. Sado-masoquismo, Neurosis-perversión, heterosexual-homosexual, deseo-repugnancia, etc. Freud fué el primero en describir el fenómeno que hace posible esta dinámica humana, La Formación Reactiva; una idea consciente que representa inconscientemente otra de magnitud opuesta. Un ejemplo típico es el síntoma obsesivo de lavarse las manos 20 veces, en un intento de limpiar la suciedad interna que sufre el obsesivo. Es quizá llegado a este punto en que la soberbia sea la otra cara de la humildad. Algunos soberbios dejan de serlo al encontrarse con personas que están a su “altura” e incluso pueden llegar a ser sumisos o humildes ante idealizados personajes, lugares o situaciones.

Pero retomemos la humildad. Dando un repaso al diccionario, encontramos que humildad es una actitud no presuntuosa de los propios logros, reconoce sus fracasos y actúa sin orgullo ni vanidad. Otro concepto más elaborado implica también sin interés y sin conveniencia. Pero la realidad nos dice lo contrario. Nadie en este mundo físico actúa sin interés ni conveniencias. ¿Teresa de Calcuta? ¿Ghandi? y Jesucristo, creo que son 3 contados ejemplos de actuar sin interés ni conveniencia, por lo menos que yo sepa. El resto de los mortales nos movemos por intereses y conveniencias, a pesar que algunos lo nieguen rotundamente. La elección de carrera, trabajo, profesión, pareja, barrio de residencia, país (sea quedarte en el tuyo o irte a otro), amigos, se mueven por razones de conveniencia. Lo que hay que saber diferenciar es si nuestros motivos personales que nos mueven en determinada dirección irrumpen los derechos de quienes nos rodean, porque entonces si que el interés y la conveniencia normal se trastorna en patológica. Por lo tanto la humildad total no existe, porque la antítesis de la humildad que es la soberbia también esta dentro de nosotros. Es lo que Freud y compañía descubrieron con el nombre de libido narcisista, tan necesaria como la gasolina para que un coche pueda arrancar. Análoga función es la libido narcisista, se ve ya en los niños pequeños cuando por ejemplo usan y abusan del término “mio”, en alusion clara a la formación de carácter. En síntesis se diría que la humildad es relativa, además de falsa en muchos casos.

El Cristianismo que en mi país se profesaba allá por los años ochentas, se centraba -entre otras cosas- en la humildad. Una humildad que sinceramente yo no la veía. Ese fué el motivo de mi alejamiento del cristianismo. Las enseñanzas me quedaron, mas no los hechos. Citaré un ejemplo. Veía que los campamentos adolescentes a los que unas cuantas veces fuí, en realidad eran clubes sociales. La mayoría de jóvenes cristianos de mi época, solo pensaban en el “chapulin” como solíamos decirle en esa época al beso de pareja, jerga de la jerga “chape” que a su vez era el citado beso. Y retomando el tema del interés y la humildad, la mayoría de varones estaban detrás de las mismas chicas, las más guapas por casualidad. Estas por otro lado tenían la histeria propia y normal de la adolescencia, haciendo de la vida de estos jóvenes galantes un sufrir y quebradero de cabeza, en un constante deshojar margaritas. Viendo el percal me retire no sin antes comprobar, que se tejían mas trampas y culebrones que en una película china. Pensé en aquella época que el evangelio tenía edad, y que no era precisamente la adolescencia la más indicada para hacerte cristiano. Falso; mientras más antes mejor, pero una cosa si es cierto, la adolescencia es la edad más difícil para hacerte cristiano.

Aquel concepto de humildad lo retuve mucho tiempo, pero no terminaba de calar en mi pensamiento. Pero si dejó una estela de pensamientos derivados del mismo; en otras palabras conflictos encontrados entre lo que quería ser y lo que debía ser. En psicoanálisis este proceso lo conocemos como los Ideales del Yo; es decir lo que deseamos ser, y como nos gustarían que nos vieran. Aquí el inicio de un gran problema: Los Ideales del Yo, lo forman en primer y único lugar los padres, luego vienen los hermanos mayores, tíos, abuelos,  y porqué no, la religión profesada o con la que creces. El concepto de humildad con el que yo crecí, era francamente un concepto de fracaso más que de ser buena persona, que es el verdadero concepto de humildad. Cuando años más tarde me analizaba comprobé sin saberlo hasta ese momento que estos conceptos erróneamente internalizados, porque erróneamente me los enseñaron, estaban pasando la factura de lo que hacía con mi vida privada. En primer lugar me hicieron creer que Dios tenía un “designio” divino con el cual tenia que contar, y esperar a su “desvelamiento”. Tengo comprobado a día de hoy que hay que hacer las cosas y sin prisas pero sin pausas. La iglesia de aquel entonces, -que fueron varias denominaciones- en un intento yo de buscar nuevos conceptos presionaban a sus feligreses a la humildad, bien con castigos divinos, bien con las famosas “pruebas cristianas” bien con el premio del paraíso eterno, pero nadie demostraba la humildad de una forma tajante y explicita. Nos enseñaron erróneamente a  nuestra generación a abandonar parte de nuestros proyectos, por no estar justificados divinamente, es decir, por poner un ejemplo, si yo tocaba el piano, tenia que ser pianista de la congregación, o era pianista del mundo y del diablo; ya verás si el diablo siquiera se iba a fijar en un mediocre pianista como era yo por aquel entonces. Otra de las “cualidades” del humilde era que se asociaba directamente ser pobre con humilde; de esta forma vi como muchas personas de aquel entonces, no hacia absolutamente nada para salir de la pobreza; se agarraban literalmente de ese refrán bíblico que dice: “es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos”. De esta forma se racionalizaba la holgazanería, y se aseguraba un puestito en el reino de los cielos. Pero yo pensaba más allá de todo esto, Habían muchos padres de la religión cristiana que eran ricos, Job, Abraham, David, Salomón… esto no cuajaba en mis 16 años, algo andaba mal. Asociaban directamente también el dolor psíquico y/o emocional con pruebas divinas y obviamente con humildad, si Dios veía tu dolor se compadecería de ti. Muchos de aquellos dolores eran producto de malos manejos emocionales, laborales y de otras índoles (no entran aquí las desgracias y enfermedades) que se hubiesen podido evitar.

No sé y desconozco como habrá evolucionado el concepto de humildad en la iglesia de hoy en día, espero que para bien y mejor, porque como siga igual, solo seguirá dando generaciones de personas pre-programadas para la pobreza, la enfermedad, el dolor, y el fracaso personal en muchos sentidos, no creo sinceramente que ese sea el designio que Dios nos tiene. Creo que el concepto de humildad al margen de la iglesia o dentro de ella es uno solo: aceptar en primer lugar que somos vanidosos y egocéntricos por excelencia. Aceptándolo ya sabremos manejarla mejor, y en segundo lugar debemos dejar paso a la empatía, sin ella no hay conexión con el otro, con la empatía por el otro el mundo puede mejorar mucho, creo que la base de la humildad, es sentir y desarrollar fuertemente la empatía, sin abandonar los sueños personales por más difíciles e imposibles que parezcan.

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